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Confesiones de un asesino financiero

Imprescindible. Más claro, el agua.

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Cómo funciona el FMI

Es un crítico excepcional de las instituciones financieras porque las conoce por adentro: trabajó en el FMI, en el gobierno de Clinton y en el Banco Mundial. En su último libro, y en este reportaje, pinta un panorama de soberbia, dogmatismo y ceguera ante el sufrimiento ajeno que explica por qué persisten en el error. Y también habla de la defensa a ultranza de los intereses económicos financieros y de las multinacionales.

—Su libro El malestar en la globalización está dedicado a sus padres. Dice que le enseñaron a preocuparse y a razonar. ¿A preocuparse por qué?

—Por los demás. Cuando uno es joven, normalmente habla con sus padres de lo que quiere ser cuando crezca. Mis padres siempre me insistieron en que no pensara en el dinero, cosa que resulta irónica para un economista, que pensara en aprender, en adquirir conocimientos y servir a los demás.

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